Libro de Viajes

Mauro Zorrilla

Ilustrado por Uriarte

Firmado y Numerado

Retrato del Poeta: oleo expresionista en tonos calidos rojos y naranjas, retrato de Mauro Zorrilla con barba, estilo vibrante con pinceladas visibles
Retrato del Poeta
Oleo en tonos rosados y terrosos, paisaje abstracto con formas organicas y ramas, atmosfera eterea
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Viaje del Nino a la Tierra de Lejos

I

La gaviota se fatiga

y hace alto

en el cuerno percha de la Luna.

Duermo entre plumas

de salitre

y la gaviota, con su pico,

con su ojo de cristal,

con su cuello

torcido,

cuida que mi sueno

no caiga al vacio. Es muy grande

el vacio.

Yo no lo temo

porque la gaviota

vigila mi sueno

con su pico, con su ojo de cristal y con su cuello

torcido.

II

Hay una isla

en el camino del pais de Lejos.

Os dire como es

la isla:

Esta en un oceano gris y duro,

levanta

grandes rompientes grisaceas

en toda su costa

y en ella solo hay cuevas frias

y una meseta de tierra gris

y dura.

La gaviota esta agotada

de perseguir horizontes con mi carga:

posada en un risco

sobre el mar,

se vuelve ella misma roca alada.

Grandes grajos negros intentan devorarla.

Camino por las cuevas

y por la tierra dura, con los ojos muy abiertos:

quien se duerma en la isla

jamas llegara al pais de Lejos

y, enganados sus sentidos,

creera

que el mundo es solo tierra gris y grajos

negros.

Camino todo el dia, los parpados

me pesan,

los cierro a veces:

la gaviota es entonces mas de piedra,

sus plumas son de piedra,

su pico es una flecha de pedernal,

su ojo de cristal es un ojo de piedra.

Solo su corazon vive

y late

y suena con la linea del horizonte.

El eco de este pulso

me vuelve a la vigilia, aunque la escondo

tras un sopor fingido

y escribo

en una roca negra

palabras sin sentido.

He de escapar. Corro

hacia el risco

donde la gaviota despereza sus alas:

ya no son piedra,

ni su pico es pedernal,

ni su ojo roca, sino cristal.

Su corazon canta

como una campana de libertad

que espanta

fantasmas grises de marinos

ahogados.

Estamos,

la gaviota y yo,

de nuevo en camino.

III

En la tierra de Lejos

hay un arbol que cuenta bellas historias

cuando te sientas a su sombra.

Hay tambien un monte

que tiene miedo a los ratones

y un bandido

que asalta a los viajeros

y les roba el vello del dorso de sus dedos:

dicen que para hacer filtros

con los que enamorar a princesas encantadas,

pero nada se sabe de cierto. Es un bandido

extrano, muy elegante,

y mas bien se parece al rey de bastos.

Abundan en esa tierra los caballos

que saben sumar

golpeando los cascos,

panteras y leones afables, flamencos viajeros,

elefantes que se ponen de pie y tocan la trompeta.

Los circos de todo el mundo

les ofrecen fabulosos contratos y no es dificil

encontrar en la selva

un domador,

vestido de Tarzan, con su piel de leopardo,

llevando en la mano izquierda

un taburete

y en la derecha un saquito de monedas de oro

acunadas con la garra de un guepardo. Asi son

los domadores.

La gente mas notable, en la tierra

de Lejos,

son los piratas, los comanches y los aviadores,

y en una casa de piel de bisonte,

que encontrareis al pie de un monte,

vive un pirata comanche que es aviador.

No han tenido mas remedio

que dejarle tocar las campanas el domingo.

Cuando suenan estas campanas

aparece en la bahia una gran ballena blanca,

salida

nadie sabe de donde.

La tierra de Lejos

esta llena de misterios como este,

de los que no conviene hablar. Oid en cambio esto:

De lo que yo os he contado

no creais gran cosa: Es mi costumbre

olvidar

y, cada Octubre,

rehacer mi memoria con rumores. Disculpadme.

IV

Nunca se llega a la tierra de Lejos.

V

Sospecho que el tiempo nos engana.

He vuelto a mi ninez

por un instante

y alguna ironica sinapsis

me ha vuelto a presentar (sadica vista)

aquellas semanas de vacaciones

que se alargaban por anos enteros,

si no siglos;

aquellos dias festivos

en los que cabia de todo

menos el sufrimiento;

aquellos eternos recreos

en el patio asfaltado del colegio

donde, con lluvia, habia infinito aburrimiento.

Todo era desmesurado

referido al reloj y al calendario:

"manana", muy lejano,

"ayer", ya ni recuerdo.

Luego, como un tren silencioso

que acelera en la llanura

empujado por su propia inercia,

las agujas corren mas,

las hojas vuelan,

las Nocheviejas son postes telegraficos

que se esfuman en procesion,

en malhadada procesion de anos.

El tiempo, entretanto,

se rie sentado en su piedra de arena,

se rie de nuestros esfuerzos

por eternizarnos,

se rie de nuestros inventos

de cielos bienaventurados,

se rie --en fin-- de nosotros,

de nuestra cuna y de nuestros gusanos.

Y no, no le alcanzamos,

esta lejos,

muy lejos

de nuestra venganza.

No huyas, tiempo infame;

ven, ponte al alcance de mi arma.

Quiero hacerte probar

el podrido sabor de la derrota,

quiero ensenarte con sangre

como es el hombre mejor que tu,

como te ha vencido en su memoria,

como en sus laboratorios

corres hacia atras

o de costado

en alas de neutrinos intangibles,

como para cualquier nino

tu no existes.

(Recuerdo que a mis cinco anos

yo veia el Ano Nuevo

como un gran cajon azul

que bajaba por la alameda, bajo mi ventana.

El Ano Viejo, un cajon negro,

huia con verguenza ante su empuje.

Eran grandes cajones,

volumenes etereos

que alcanzaban de fachada a fachada

y yo --yo nino--

los veia pasar con toda calma).

No crees esclavos, tiempo.

Ignoras que un dia ya no existes

para cada uno de nosotros

aunque sigas tu camino

para el resto.

Ignoras que la piedra, el agua y la bacteria

nada saben de ti,

lo mismo que la hiedra, el perro y la esperanza.

En verdad, tiempo,

solo el hombre te conoce

y te teme.

Solo el hombre te adoro como dios

y mato en tus altares.

Solo el hombre festeja o lamenta tu paso,

a el solo debes tu existencia entera.

Escucha, tiempo,

pobre criatura del hombre:

un dia te aniquilare sin piedad.

Asi esta escrito

y asi se cumplira.

Oleo expresionista abstracto en tonos naranjas, amarillos y azules, evocando pajaros en vuelo o un cielo tormentoso
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Viaje al Desierto

I

El desierto

es ese lugar donde solo existes tu.

Te explicare primero como fue creado:

juntaron treinta tribus nomadas

la soledad

de sus antepasados en treinta generaciones

y la amasaron

con los luceros que alumbran

la noche del solsticio de invierno.

Destilaron luego la esencia

en un alambique

de cobre batido hace tres eras en Tassili,

y la filtraron

por un cendal tejido con las crines de un potro

virgen.

Eso fue lo que hicieron.

Se sentaron entonces los nomadas mas viejos

masticando, en silencio,

malvavisco. No sabian que mas hacer.

Asi, las treinta tribus no sabian que mas hacer,

pues no lo sabian los nomadas mas viejos.

Es tal como te cuento.

Y, por no saberlo,

de pena fueron muriendo los viejos,

y antes de morir

mataron sus camellos, sus cabras y sus perros.

Muertos los viejos,

hombres y mujeres se vieron sin guia

y conocieron el miedo. Fueron muriendo

de angustia

y antes de morir

cegaron sus pozos y salaron el suelo.

Ya no habia ninos:

la energia de los nomadas

se disipo en la creacion del desierto,

haciendo sacrificio de sus cuerpos.

Creeme lo que te cuento.

Espantados por tanta muerte, los jovenes

tomaron lo poco que quedaba, huyendo

a lugares donde poder llegar a viejos.

Antes de huir, quemaron sus bosques centenarios,

dejando que una peste

diezmara sus rebanos.

Todos marcharon. Quedo solo un pastor,

un pastor solitario,

con su esclava, su perro y su caballo.

Miraron a su alrededor, la esclava y el pastor.

Los pozos empedrados

les contemplaban con sus ojos muertos.

Los campos salados

les cegaban con solares reverberos,

los bosques quemados

se negaban a darles fruta y lenos

y el hedor de la carrona hacia llorar

al perro.

Lloraba tambien la esclava

al ver el mundo tan yermo. Dijo la esclava:

"¿Que es esto?"

Subio el pastor al caballo, miro atento

a lo lejos,

miro despues a la esclava. Dijo el pastor:

"El desierto".

II

No hay obstaculos en el camino

que lleva de mi casa

al desierto.

No hay fronteras,

no hay ningun cruce incierto:

yo mismo soy caminante y camino.

III

El cielo vacio

no es mas que un infierno aburrido.

En el desierto

el cielo es tan negro

que Belzebuth lo toma por su reino

y piensa

que las estrellas son los ojos

del millon de moscas que le sirven de cortejo.

Y es que Belzebuth, por las noches,

visita

diez mil tabernas y bebe

en todas ellas,

cantando y riendo junto a sus amigos:

los marinos,

las rameras, los mendigos,

los comicos

y los poetas.

IV

He plantado una tienda en el desierto.

Que nadie venga a verme:

solo quiero

que el alma recorra la galaxia

mientras fumo

mi pipa de Latakia. Solo eso.

V

Tuve hambre

y camine muchas leguas en busca de alimento.

Encontre raices resecas,

pajaros

que se dejaban atrapar con la mano

y me miraban con dulzura: los deje volar.

Encontre tambien

manantiales de aguas tan tenues que, en mi boca,

se convertian en suspiros de adolescente,

incapaces

de mitigar mi sed

y, cruzado ya el Tropico,

palmeras gigantescas de datiles inalcanzables.

Se puso el Sol y yo desesperaba.

Me sente en una roca, por temor de las serpientes,

y llore mi soledad. Yo,

que tanto la habia buscado. Llore.

Paso la noche. Al alba

vi tres viajeros que se acercaban a mi roca. Espere.

Su paso era muy lento: eran

tres ancianos. Muy debil, no pude ir hasta ellos.

Espere todo el dia, sentado en mi roca,

temiendo a las serpientes. Todo el dia espere.

Su andar era muy extrano: ya de cerca,

pude ver que el mas alto, un viejo

con gran cabeza de leon albino,

arrastraba con dolor sus piernas. Era un tullido

y se apoyaba en el hombro de su amigo,

sirviendole a su vez de lazarillo:

los ojos del amigo

denunciaban la azul oscuridad de la ceguera.

El tercer anciano

les seguia a unos pasos. Iba borracho.

Hicieron alto ante mi. El tercero me tendio un odre:

"Bebe el vino dorado, bebe, muchacho".

Yo bebi. El vino era exquisito. Un solo sorbo

aplaco mi sed, mi sed de tantos anos.

Los otros dos buscaron en sus bolsas. El tullido

saco un punado de hojas de hierba. Las tendio al ciego.

El ciego miro el punto celeste

donde, a medianoche,

brillaria la Cabellera de Berenice, sonrio, saco un punal

y preparo con el las hierbas, alinandolas

con polvo de tigre. Un espejo

servia de plato. Lo tome. El viejo leonado rio gozoso:

"Es nuestro festin

para camaradas y amantes".

El ciego nada dijo. Adivine que amaba

ideas matematicas y palabras escasas. Miraba, ya de noche,

a Cassiopea.

Tome las hierbas, regandolas con vino. Di las gracias.

Los ancianos marcharon: el borracho iba el primero

y sus canticos obscenos

acallaban la risa de las hienas.

Me levante. Mi mirada abrasaba a las serpientes. El mundo

era a mis pies una escudilla.

Extendi la mano y acaricie la oscura Cabellera.

Aquella noche yaci con Berenice, la bella hebrea.

Viaje por Mar sin Brujula ni Portulano

I

He oido en el puerto esta manana

un rumor que corria

entre ciertos marinos orientales:

Pasando los estrechos, alla en el fin del mundo,

hay un pais terrible,

donde los jilgueros comen carne

humana,

es mortal

el aroma de las rosas y los ninos

desentierran

calaveras.

Las mujeres son muy bellas, van

desnudas

y acostumbran a matar a sus esposos:

les clavan lentamente siete punales pequenos

hasta que expiran

entre grandes tormentos.

Con estos siete punales hacen tambien una peineta

que sujeta sus cabellos.

Son mujeres muy bellas (segun los marinos orientales)

y su unica prenda

es la peineta de punales. Yo amo las mujeres bellas.

Pienso en mi cota de malla, acero y plata

salidos de las manos de un moro toledano

que fue armero del califa de Damasco. Corro a mi barco.

Se que hay que cruzar los estrechos

teniendo a Altair a estribor.

Se tambien que hay que embarcar grandes barricas

de ron

que, vertido en las tormentas, adormece

a los gigantes del fondo del mar y aplaca su ira.

Y hay laberintos,

una gran cascada donde acaba el oceano

y todas las aguas

caen en las manos de los dioses,

nubes espesas como pantanos, en las que viven

caimanes voladores,

y mil otros peligros. Ningun piloto

osa ir conmigo.

Parto, pues, solo, con un grumete, un perro

y el vigia.

Yo soy el vigia y el grumete,

y algunos dias tendre que ser el perro.

Los meses se me hacen largos. Ardo

por llegar al pais terrible, donde voy a ser apunalado

por una mujer bella

y desnuda,

entre letales ramos de camelias, abanicado por alas

de calandrias

que esperan dejar limpios mis huesos. Unas ninas,

inocentes y malvadas,

jugaran a munecas con mi craneo.

Los meses se me hacen largos. Ardo.

Oleo en tonos azules y rosas, figuras humanas abstractas en movimiento sobre fondo marino
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II

Naufrague.

Solo en mi balsa, crei morir de hambre,

pero una sirena

enamorada

me alimento con la leche de sus pechos.

Algunos dias me traia peces voladores

o tunicas que hacia tejiendo sus cabellos.

Eramos felices, en el mar

y en la balsa, mas un temporal

nos arrojo a tierra. Mi tierra amada.

Le regale una diadema

hecha con mi espada

y quedo sola, llorando en la playa.

Jamas volvi a saber de ella

y ya solo la recuerdo cuando echo en falta

mi espada.

III

De cien veces que zarpe,

cien me he perdido.

Desprecio las cartas de navegacion,

la brujula solo es un hierro inutil y el timon

lo manejo a mi capricho:

nadie diga que limito mi camino.

Oleo expresionista en tonos amarillos, verdes y naranjas, evocando flores o vegetacion exuberante
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Viaje al Sur

I

La adolescencia es cosa de milagro

y la mia paso hace ya un tiempo,

nadie me lo ha de recordar.

Pero, aunque muerta la creia largos anos

atras,

respira aun mi alma adolescente,

perdida entre mis almas otras,

agobiada por cenizas, cubierta

de arpillera,

mas capaz todavia de aliento poderoso.

vuelvo, pues, a ser

puro,

vuelve a lavarme

el rocio frio de la ultima madrugada,

vuelven algunos pajaros

a trazar en el cielo jeroglificos

que solo mi mirada

sabe descifrar, pues a ella nada mas

van dirigidos, vuelve

el Sol

a detenerse en el grado de arco deseado,

vuelven mis noches

a estar llenas de palabras, de gestos, de recuerdos

de ti,

vuelvo a estar enamorado.

II

Si he de imaginar algo que simbolice

tu mirada,

he de pedir ayuda a diez mil dioses.

Hekate me dira que es luna sobre agata

en un cruce de caminos,

Persefone, que olas de la Estigia,

Belenos quizas crea que es la hoz de oro

con que sus druidas podan muerdago sagrado,

Astarte y otras diosas madres pensaran que es

su mirada,

Mitra hablara de la fuerza del toro

y errara,

Toth y Atenea, de la flexible sabiduria

y estaran mas cerca de tu esencia.

Si es Poseidon el consultado, dira que le recuerda,

de su reino,

las simas abisales y, si es Apolo,

que la estela de su carro de fuego.

Cada dios dira algo bello,

mas no agotaran por ello

tu mirada. Quizas Brahma,

mas viejo, mas sabio, mas prudente,

diga solamente que tu mirada

es tu mirada.

III

Noches eternas, dias cortos

y un cielo

luminoso sobre nosotros.

IV

Tu cuerpo

breve y exacto como un soneto

de Nerval,

tu cuerpo

breve y exacto como un bronce

de Cellini,

tu cuerpo

breve y exacto como un punal

de Toledo,

tu cuerpo

breve y exacto como una cancion

de Moustaki,

tu cuerpo

breve y exacto como un cuento

de Borges.

Tu cuerpo. Lo deseo

breve y exacto como tu cuerpo.

V

Hablemos ya del amor sereno

mas salvaje aun por su misma calma,

tambien mas sabio

y conocedor del precio que tiene cada instante.

La astucia de los anos es sencilla:

recibe el regalo de la felicidad

con el alma abierta de par en par.

Es tiempo escaso

y fuera pecado exigir mas.

Se ha aprendido ya el consejo

del poeta lindante y lejano:

coge desde hoy las rosas de la vida.

La rosa

esta en mi mano

y se gozar de su frescura.

Esta ahora

y luego, quien sabe. Yo no, bien cierto,

mas no me importa

por la corta eternidad del ahora.

Eso aprendi de los amigos muertos

que dilataron su esperanza

en el tiempo,

temiendo el amor, guardando las distancias,

cuidando las formas y los trabajos serios.

VI

Jamas te entendere,

ni lo pretendo.

Amo los misterios que deja entrever

tu media voz

y los rincones inaccesibles

que esconde tu razon.

Odio y amo tus extranas reacciones,

leyes sin ley de tu universo

imprevisible,

mano que acaricia y apunala.

Amo. Odio. Jamas me entenderas:

no lo pretendas.

VII

Quisiera decirte una palabra

que fuese todos los poemas.

Una palabra,

una sola. Ha de habitar

tras de mi frente

esa palabra imposible que acabe para siempre

con todos los idiomas.

Moises de Leon, el cabalista,

no la encontro en su larga vida, y murio

triste.

Gautama el Buda tampoco la hallo,

mas el despreciaba la muerte.

Teresa y Juan de la Cruz rondaron

la palabra,

pero los distrajo un espejismo

y hoy estan muertos.

La palabra es aire vibratil

que nos impregna el alma de sentido,

es un tacto,

algo que no existiria sin sentidos;

yo la puedo sentir, pues te he sentido.

Te la dire, lo juro.

Un dia la conocere y solo tu la oiras.

Solo tu.

Oiras la palabra.

VIII

Tantos anos en esta madriguera

no bastan

para dejar inutil mi conciencia.

Dos mil libros me observan,

ciegos,

desde sus estantes desiguales

y unos cuantos cuadros

intentan, sin lograrlo,

darme la espalda.

Palabras, musica, colores,

una cama dura y cientos de hojas blancas:

He ahi mi monasterio.

Cierro puerta y ventana

para no ver nada

que distraiga mi tarea,

aislo mis oidos

con artilugios

que introducen la vibracion directa en mi cerebro

y una lampara azulada

es mi unico Sol. Sol triste.

Fumo mucho. Demasiado.

Tomo licor y farmacos prohibidos.

Duermo a deshoras, salgo poco,

para arreglar asuntos mundanos, y paso largas horas

meditando. Pero hay,

en este cosmos tan cerrado,

una grieta que agrieta sus muros

de cemento,

una grieta del tamano exacto

de tu imagen,

que entra y pasea y sale

y entra de nuevo y se esfuma en el acto

antes de responder a mi pregunta:

Sin ti, ¿hasta cuando?

IX

El tiempo,

la espera suave,

las horas que vivo como siglos.

X

Las noches largas de San Juan

duraran

mil anos y un dia,

los dias eternos de lluvia gris

no tendran

final previsto por ningun dios mezquino,

las olas azules de escondida fuerza

batiran

la costa mientras corran las eras,

los pajaros libres del aire libre

volaran

de monte a monte mientras montes haya,

y cuando ya no existan olas, ni lluvia, ni pajaros, ni noches

de San Juan,

un quizas de mi te seguira amando.

Oleo en tonos azules, blancos y toques de amarillo, abstraccion gestual con pinceladas energicas
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Viaje a Ultima

I

No temas por ti.

He de hacerme fugitivo

para saber de otros amores y fracasos

que, por nuevos,

siempre seran bien recibidos.

Empieza mi cuarta vida

y he de nacer en aires altos,

fatigado de salitre

ya mi pecho.

Pise descalzo demasiadas playas

y ahora mi pie desea la montana

granitica

que senala el centro de la constelacion.

Nadie me culpe de ello.

No temas por mi.

Nacere con los ojos abiertos

y un pan minusculo bajo el brazo.

Suficiente para una golondrina.

No temas por nadie.

Ven,

ayudame a barrenar

la sentina llena de aguas muertas.

No he de dejar atras

mas que una sombra de mercurio sublimado.

II

Esperame. Mi camino

ha de cruzar aun muchos meridianos.

Sabes que olvide el reposo

sobre la funda brocada de una almohada

casi adolescente,

un ano lejano.

Lejano. Odio

mi memoria poderosa.

Esperame. Mi jornada

es tan dura,

tan dura.

Se que al final tendre la piel tatuada

de silabas

calcinadas en los hornos del miedo

y del amor.

(Mi piel

servira de alfombra de pie de cama

a algun fino diletante del siglo

proximo. Eso creo).

Esperame. Te traere frutos

nacidos del desierto,

peces de los que nadan en las nubes

y aves marinas arponeadas en el Artico.

Todo eso te traere.

Y esquirlas,

y caireles,

y almadias y otras mil bellas palabras.

Las he de buscar por todo el mundo.

Esperame. He de probar tantos licores.

Vinos de sangre, vinos

con resina, con canela, vinos en los que flota

el corazon de una esclava,

vinos amarillos, verdes, rojos,

vinos negros.

Y quizas

una damajuana de agua tofana

que haga inutil tu espera.

Pero, aun asi, esperame.

III

Almacen de saberes olvidados,

¿no quieres descansar

de tus afanes?

Despierto, te rechazo.

Dormido,

soy tu esclavo.

IV

El gigante, agonizante,

se agobia

bajo un paraguas de plomo y fuego.

V

He visto un pajaro

que escribia poemas en el viento del Sur.

He leido

el largo poema que escriben las olas,

desde esta mi costa

hasta Cornualles.

Aprendi de nino

los poemas escritos por el arado

en la piel de la tierra.

Yo mismo,

sencillo como soy,

he escrito algun poema.

Ahora

quiero leer un poema tuyo.

VI

El reves del tiempo

es el gesto que cruzo una cara

en algun sitio

de una ciudad

que visitamos quien sabe cuando.

Eso es el reves del tiempo:

el gesto.

VII

Pocas cosas he aprendido por mi mismo.

Me llevaron de la mano

desde nino,

ensenandome: esto si,

aquello no, lo de mas alla,

tampoco.

Anduve al fin por mis pasos,

recorri la latitud

grado por grado.

Conozco hoy cada puerto y cada rio,

conozco todos los aires

que se convierten en suspiro

y, como el Noroeste, he amado,

aqui y alli, cuerpos

desconocidos.

Al final,

de lo que he visto me queda un ultimo poso:

no hay dos ciudades distintas

ni dos hombres

parecidos.

Eso si he aprendido.

VIII

Entonces. Ha vuelto

siempre, otra vez, ha vuelto.

No puede recordar su nombre,

el nombre de la madre es una lejana columna

de humo,

el padre ya ni nombre tiene.

La ciudad

es una bestia ciega

que esconde sus canceres y escasa gloria

bajo capas delictivas

de hormigon armado. Entonces.

La ciudad tampoco le conoce

y el ha de destruir su ultimo sueno.

Entierra plazuelas, bulevares,

ninos jugando bajo acacias,

un funicular muy viejo y muy querido.

Entierra todo. Hasta los locos

que animaban las aceras.

Hay locos nuevos,

pero el no sabe distinguirlos de los cuerdos

y le aburren.

Entonces.

Hubo una vez,

aqui,

una esquina

donde robo caricias

arriesgadas. Las manos huelen aun a maquillaje.

La garganta se seca. Aun. Solo la lluvia

es la misma. Ya no hay manos,

no hay garganta,

no hay esquina ni ciudad,

ni madre. Ni nombre.

Solo la lluvia. Entonces.

Ha vuelto,

otra vez,

a la lluvia.

Edita: Asociacion Cultural Almadena

Apartado de Correos 64
29630 Benalmadena (Malaga)

ISBN - 84-604-8572-2

Dep. Legal: MA-1235/93

Imprime ARTIGRAF Malaga, S.L.
Huerta del Obispo, 21-23. 29007 Malaga

Impresion de poemas en papel ecologico

Sobre los autores

Mauro Zorrilla Hierro

(1945 - 2015)

Poeta espanol cuya obra explora los viajes interiores y la busqueda del sentido a traves de la palabra. Su poesia, rica en imagenes y referencias culturales, navega entre lo mitico y lo cotidiano.

Maria Jesus Uriarte Sebastian

(1945 - 2009)

Pintora espanola conocida por su obra expresionista caracterizada por pinceladas energicas y una paleta calida dominada por rojos, naranjas y ocres. Sus oleos acompanan los viajes poeticos con visiones abstractas de paisajes emocionales.

Esta edicion digital preserva la obra original publicada en 1993, de la cual se imprimieron 500 ejemplares numerados y firmados por ambos autores.